El domingo por la noche se fue la persona que más he querido y la persona que más me ha querido y querrá: mi madre.
Se fue mi mamá y mi niña. La que me cuidó y cuidé. La que me dio la vida y me la hizo dulce. La que no disfrutó de su vida para que mi hermano y yo disfrutáramos de la nuestra.
El domingo, cuando estaba acostándose, María se despidió de todos nosotros, mi Mariquilla, como todos la conocíais, aunque tiene el nombre más bonito y sentido que existe: Paz.
Quiero agradeceros a todos vuestro apoyo. A los que estuvisteis el lunes en su despedida, a los que me habéis dado el pésame a mí y a mi familia, a los que no habéis podido estar pero hubierais querido estar. A los que quizá os estéis enterando ahora y sé que lo sentís. A los que la veíais en la plaza con mi padre y la saludabais y hablabais con ella, a los que habéis compartido un momento de vuestra vida con mi madre. A todos los que la hicísteis sonreír, sobre todo en los últimos años, cuando surgía su sonrisa con un simple saludo, con un beso. Gracias a todos.
Os dejo una foto de este verano, es la última que tengo en el móvil, está con algunos de mis tíos y mis primos.

Sólo os voy a pedir un favor más: Los que podáis, dadle un beso a vuestra madre si está cerca. Llamadla por teléfono si está lejos. Daros una vuelta por su casa si no vive con ustedes. Decidle que la queréis. Duele mucho y se echa mucho de menos cuando ya no lo puedes hacer.
Muchas gracias a todos. Habéis sido muy atentos con ella. Se despidió de todos sabiendo que había mucha, mucha, mucha gente que la quería.
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Estaba buscando un título adecuado para trasladaros que he vuelto a mi plaza de profesor tras el periplo de gestión institucional de los dos últimos años en Acosol, y he optado por el más directo: Vuelta a las aulas. Entre el Centro del Profesorado, la Universidad y Acosol llevaba algo más de cinco años alejado de mi plaza de profesor en el Ies Victoria Kent de Marbella y ahora me tocaba volver a ocupar mi plaza.
He de confesar que tenía ganas. Echaba de menos ejercer de profesor, enseñar a los ciudadanos del mañana que es la esperanza del futuro. Y ser una pieza clave en ese proceso me hace reflexionar una vez más que los profesores emanamos tanta responsabilidad o más que la de cualquier otro cargo público, aunque tenga dicho cargo más nombre y más boato. Por ello en momentos donde la educación pública es puesta en entredicho (y con ello no estoy en contra de la educación privada) hay que apoyar más si cabe a una institución, la del profesorado, que tiene la responsabilidad de moldear para bien nuestro futuro.
Me ha sido grato encontrarme con mis compañeros y compañeras, muchos nuevos, cargados de entusiasmo. Y con un equipo directivo que entiende (y pienso que correctamente) que el prestigio de un centro educativo ha de partir del profesorado sin excudarse en el alumnado cuando las cosas no van bien. Ese pundonor de la dirección se ha contagiado rápidamente al resto de la comunidad educativa.
Han cambiado muchas cosas en este impasse: ordenadores para alumnos y profesores, pizarras electrónicas, libros gratuitos y normas nuevas. Han cambiado muchas cosas para bien y aún así seguimos exigiendo más porque creemos que invertir en educación es invertir en valores seguros. Y con tanta tecnología sigo teniendo hueco para explicarle a mis alumnos como en la prehistoria el hombre (y la mujer) alcanzó cotas de inteligencia que nos hacía diferentes al resto de los animales y que explica todos los avances de hoy día. Y me lleno de satisfacción cuando veo caras de entusiasmo por lo aprendido entre mis alumnos. Estoy seguro que esta vez mis alumnos también me han visto cara de entusiasmo, pero es que no podía disimularla.
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